Cómo saber si una persona, en concreto si nuestra hija o hijo adolescente tiene un problema relacionado con el uso del teléfono móvil, no es una cuestión precisamente de poca importancia, no es baladí. Pero si hemos llegado hasta aquí, ya es mucho lo que estamos haciendo por la educación digital; tanto para evitar que el uso se convierta en un problema, como para llegado el momento, tomar medidas.

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Mi hija no suelta el móvil ¿cómo saber si está enganchada?

El uso del teléfono móvil conlleva de forma inherente el riesgo de que se convierta en perjudicial, y por tanto, en una forma de dependencia. Pero ¿Por qué? Para saber identificarlo, trataremos de ofrecer ciertas claves, que en ningún caso sustituyen a una valoración por parte de profesionales especializados en la materia. Es por ello, que en caso de sospechar que se requieren de medidas, se aconseja realizar una valoración con expertos.

El teléfono móvil da acceso a diversas actividades y servicios, y hay que tenerlo en cuenta. Redes sociales, videojuegos y apps, y las que permiten monetizar su actividad, suelen ser las actividades principales de los y las adolescentes actuales. Hay que tener en cuenta diversos factores, pero es importante plantearnos preguntas como: ¿A qué dedica su tiempo frente a la pantalla de su teléfono móvil? ¿Existe el sentido de la identidad y huella digital? ¿de la privacidad y seguridad? ¿Para qué le sirve, o para qué lo utiliza?

La cuestión es: ¿qué relación ha establecido con el teléfono móvil? Esta es la clave, más allá del tiempo frente a las pantallas, ¿para qué lo utiliza?

Lo deseable es que las motivaciones se ciñan al entretenimiento y socialización.

Pero también hay que tener en cuenta, que cualquier persona necesita a ratitos escapar y evadirse de la realidad, y que la adolescencia se puede convertir en un motivo de estrés en sí misma. Es por eso, que la cuestión es evitar utilizar el teléfono móvil como una herramienta para afrontar aquellos problemas o preocupaciones (que por cierto en esta etapa, son para los/as adolescentes, problemas cruciales), que entran dentro de cierta cotidianidad; también por el contenido diseñado en parte con tácticas para “enganchar”. O, como una forma de ficcionar la realidad que le proporciona mayor satisfacción que su vida presencial.

¿Cuándo supone un problema el teléfono móvil? 

La «nomofobia« es un término que se refiere al miedo irracional a estar sin el teléfono móvil o a perder la conexión a Internet. La palabra «nomofobia» es un acrónimo de «no mobile phone phobia» en inglés. Las personas que sufren de nomofobia experimentan ansiedad, angustia o malestar cuando se encuentran en situaciones donde no pueden utilizar su teléfono móvil o cuando tienen una señal de conexión débil o nula. Esta condición se ha vuelto más común con el aumento del uso de teléfonos móviles y la dependencia de la conectividad digital en la vida cotidiana.

  • Se emiten advertencias sobre el uso de la tecnología, dando origen a frases comunes como «yo controlo» y «¡Qué te he dicho que ya vooooy!».
  • Se generan discusiones o advertencias familiares debido al tiempo y la atención que se invierten en el uso de la tecnología.
  • No basta con utilizar las aplicaciones de mensajería instantánea como antes; ahora se siente la necesidad de usar más, con mayor frecuencia y durante más tiempo.
  • Experimentar malestar cuando el teléfono móvil no está cerca, no hay un enchufe disponible o se queda sin batería se convierte en algo habitual.

¿Y las redes sociales?

Es característico detectar que dedican un tiempo desmesurado. También, dar una importancia desproporcionada a las visualizaciones e interacciones. Así como tener que atender con urgencia las notificaciones, o una frecuencia elevada de desbloqueos para consultar si existe alguna.

Principalmente suponen un problema si vemos que se utilizan como una forma de captar la atención de otras personas, y que se convierte finalmente en una necesidad y un medio por el que equilibrar la autoestima y sentirse bien. Esto suele conllevar, tener que generar contenidos, utilizarlas en momentos inadecuados, pensar constantemente en su uso, y procrastinación (posponer o retrasar una tarea o actividad que debe ser realizada, generalmente optando por realizar actividades menos importantes o más placenteras en su lugar).

Una forma de ver que algo no funciona como debería, es que existen problemas para centrarse en las actividades presenciales, y dejar a un lado la pantalla.

Podemos encontrar episodios de irritabilidad o ansiedad cuando no se puede usar el teléfono, como cuando la batería está baja o no hay conexión a Internet. Es característico, dejar de lado actividades en las que antes participaba y eran de gran valor, un elemento que produce aislamiento social.

Todo ello, sin tener en cuenta, el riesgo que puede suponer para la salud, esta necesidad de validación y aprobación social basada en la imagen estereotipada de las chicas, y que por simple comparación, llevan a realizar comportamientos de riesgo relacionados con la alimentación.

El término FOMO (Fear of Missing Out) se refiere a un sentimiento compatible con la ansiedad o temor, que experimentan algunas personas, incluidos adolescentes, por perderse algo interesante o importante que está sucediendo en algún lugar, ya sea en la vida social, eventos, actividades, o en las redes sociales.

En el contexto de la adolescencia, el FOMO puede manifestarse cuando ven publicaciones en redes sociales sobre eventos a los que no fueron invitados, experiencias compartidas por amigos, o actividades emocionantes en las que no participaron. Esto puede generar una sensación de exclusión o de no estar al tanto de lo que está sucediendo, lo que a su vez puede aumentar la ansiedad y la necesidad de estar constantemente en conexión, y participar en todas las actividades posibles para evitar sentirse excluido.

Cómo afrontar el FOMO en los videojuegos

El FOMO puede influir en el comportamiento y las actitudes durante la adolescencia, tanto online en línea y fuera de línea, llevándolos a estar constantemente pendientes de sus dispositivos móviles y redes sociales, y a participar en actividades incluso cuando no están realmente interesados en ellas, todo con el fin de evitar perderse algo que consideran importante.

  • Buscar constantemente likes, visualizaciones e interacciones en las redes sociales se convierte en una necesidad incontrolable, ya que representa una búsqueda de validación social.
  • Esta necesidad puede llevar a cambiar la foto de perfil, estados, historias, etc., de manera urgente, y sentir malestar si no se realiza.
  • Perder el control de las redes sociales implica utilizar múltiples plataformas sin un propósito claro.
  • Se requiere cada vez más tiempo para gestionar las publicaciones, responder a comentarios y reacciones, lo que puede convertirse en una tarea abrumadora.

De forma general, podríamos decir que existe un problema, si…

  • La necesidad de conectarse cada vez más ha llevado a un uso extensivo que abarca más que una sola aplicación. Esto resulta en una mayor exposición a las pantallas, lo que puede hacer que perdamos la noción del tiempo y nos enganchemos, al estar constantemente pendientes de las notificaciones, invirtiendo más tiempo en conectar y desconectar, y pasando más tiempo del previsto en actividades como juegos, entre otras.
  • A pesar de los intentos por reducir la exposición al teléfono móvil, muchas veces resulta difícil lograrlo.
  • Los cambios de humor pueden estar relacionados con la dependencia, y mantener la mente ocupada en el teléfono y sus aportaciones, puede generar preocupación por si nos estamos perdiendo algo importante.
  • El uso recurrente del teléfono puede conllevar riesgos para nuestra privacidad, seguridad económica e identidad.
  • Es evidente que el propósito original del teléfono móvil se ha desvirtuado. Nos encontramos pasando largos períodos de tiempo viendo contenidos como reels o shorts, sin cuestionarnos el propósito de ello y lo que realmente ganamos con esta actividad. La pérdida de la noción del tiempo y el uso poco consciente pueden ser perjudiciales.
  • El uso excesivo del teléfono puede alterar nuestras rutinas diarias, afectando la higiene del sueño y la alimentación. Esto se manifiesta en cambios en las horas de sueño, dificultad para conciliar, pesadillas, saltarse comidas o comer de forma apresurada, llegar tarde a las comidas y una disminución en la calidad de la alimentación y del sueño.
  • Además, el uso inapropiado del teléfono en momentos como mientras se hacen deberes, en horas de sueño, en clase, durante las comidas o en presencia de visitas, puede ser perjudicial para nuestras relaciones y nuestro bienestar general.
  • También se observan comportamientos y actitudes arriesgadas relacionadas con la identidad digital, convivencia, conducción, participar en selfies o challenges peligrosos, o realizar inversiones monetarias, entre otras.

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