Rafael Núñez

Como conocemos, el bullying o acoso escolar es un problema que se presenta tanto en niños como en jóvenes, pero es debido a esta misma característica que es un tanto difícil discriminar lo que es una inocente y divertida broma sin intenciones de lastimar a ninguna persona, sino solo para divertirse entre amigos a acciones de intimidación que pueden traer repercusiones serias en la vida de otra persona; razón por la cual, a su vez, es difícil interpretar cuándo un niño es perpetuador de acciones de acoso escolar.

No existe un perfil exacto para distinguir a los llamados «Niños bully» debido a que son niños tan normales y regulares como cualquier otro a simple vista, a veces incluso tienen personalidades divertidas, carismáticas e intelectuales que es difícil señalarlos. Pero, tal como refiere Rafael Núñez, hay algunas conductas o signos que no pueden alertar de estas tendencias acosadoras:

  • Identificación con personalidades fuertes y dominantes: Se consideran a sí mismos como  líderes dueños de sus acciones y con el derecho de realizar diferentes cosas solo porque se consideran los mejores, fuertes, decididos y poderosos del  salón. Pueden hacer cualquier cosa solo porque sí.

Rafael Núñez

  • Desprecian las características débiles. La confianza, la bondad, la dulzura, la sensibilidad e incluso el rendimiento académico perfecto son cosas que los niños bully pueden percibir como débiles, cosas que abren una brecha de vulnerabilidad en las personas y por eso se les debe enseñar una lección, para que «aprendan a ser fuertes y suprimir nimiedades».
  • Baja tolerancia a la frustración. Por lo general los niños bullyin son de carácter voluble y personalidad cambiantes, desafían a la autoridad y las normas porque no las comprenden o porque se sienten presionados y en lugar de aclarar dudas o reconocer sus fallas, prefieren crear su propio sistema de normas basados en la impulsividad, poco seguimiento de normas, desafíos continuos, bromas pesadas, irritaciones e inclinación por solucionar todo con violencia.
  • Cero autocríticas. Cuando cometemos algún acto que ha causado daños o no tengan buenas intenciones, tendemos a preocuparnos, sensibilizarnos y sentirnos culpables y por ello actuar de una manera que repare el daño. Sin embargo los niños bully carecen de este aspecto para discriminar que sus acciones hacen daño severo a alguna persona, ellos creen que es una exageración o que esa persona se lo merecía, es decir, siempre acusan a sus víctimas.

Rafael Núñez

  • Malas relaciones interpersonales. Como son personas que se sostienen de la percepción de poder y grandeza, estos niños no cosechan buenas amistades y las que hacen es porque su grupo también tienen tendencias de intimidación escolar o porque tienen miedo de ser sus víctimas. Por lo que es muy importante tener un ojo abierto en la calidad de las relaciones de los jóvenes y las reacciones de sus pares con ellos.
  • Compensan algo que les falta. Por lo general estas conductas de violencia y acoso son un resultado de una necesidad de atención severa por parte del niño bully, es decir, es su forma de pedir que lo tomen en cuenta porque siente que «portándose bien» no lo lograra, lo que habla de sentimientos de exclusión, rechazo o ignorancia que ya ha vivido y quiere evitar repetir.
  • Problemas de parentalidad. Estos problemas mencionados se pueden deber a una poca interacción o una baja relación de calidad que estos niños tienen con sus padres, bien sea porque no les dedican tiempo, porque no reconocen sus logros, porque lo ignoran, porque se sienten rechazados o criticados constantemente que ya no saben qué está bien o mal para su familia. Así que prefiere desafiarlos o tener una actitud mimada con ellos.